Wrap Up 5: Lecturas de Junio

Lecturas de junio

¡Bienvenidos, supervivientes!

Otro mes termina, otro empieza y traigo una vez más el resumen de lecturas. Me viene bien, porque así, además de presumir de cantidad, puedo reflexionar, aunque sea brevemente, sobre los textos que he leído.

Estelar – Brandon Sanderson. Tenía muchísimas ganas de leer este libro porque cuando leí Escuadrón, la primera novela suya que leí, me encantó. Me enganchó su forma de contar las cosas y la terminé en seguida. Los personajes, la historia… En esta ocasión, sin spoilers pasamos de conocer el planeta de Detritus a ampliar nuestras miras, al igual que Spensa, su protagonista, que descubre que el universo es mucho más grande que su patio trasero y que, quizás, algunas de sus concepciones de la vida estaban equivocadas. ¿Y si los malos no fueran tan malos? Conocemos nuevos personajes, con diferentes formas de ver la vida y de vivir (aquí Sanderson se empapa un poco de la actualidad), pero también asiste al odio, la xenofobia y los prejuicios.

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Reseña: El Principito

Me siento ante el ordenador y me debato sobre qué decir sobre un libro del que ya se ha dicho todo. Es difícil, incluso imposible, aportar algo original o inédito en cuanto a una obra como El Principito, y por eso he tardado bastante en ponerme a ello.

Podría tirar de tópicos y destacar qué Exupéry nos enseñó que lo esencial es invisible a los ojos. Podría decir que es un libro para niños, pero que los adultos deben leerlo para recordar lo importante. Un libro que, por primera vez, es condescendiente con los mayores, y trata a los niños como personas. Puedo también mencionar que es un alegato a favor de la imaginación, que soñar es gratis y que debemos anteponer la belleza al dinero, por cierto, otra lección de pandemia.

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Wrap Up 4: Lecturas de mayo

¡Bienvenidos, supervivientes!

Una vez más, os traigo el wrap-up, con las lecturas correspondientes al mes que dejamos atrás, en este caso mayo.

Comencé el mes terminando Máquinas Mortales de Philip Reeve, la primera novela de la saga del mismo nombre. Una distopía juvenil en un mundo postapocalíptico donde impera el llamado darwinismo municipal, una ley que lleva a las ciudades grandes a comerse a las más pequeñas. Miles de años después de una destructiva guerra, conocida como la guerra de los sesenta minutos, el mundo ha cambiado. Las ciudades ya no son localizaciones estáticas, sino que se han convertido en monstruosas máquinas motorizadas que recorren lo que una vez fue la Tierra en busca de presas. Cuando Tom, que habita en Londres, se encuentra con una chica que trata de asesinar al héroe de la ciudad, el afamado Valentine, se convertirá en el héroe que nadie espera que sea.

Máquinas mortales es una entretenida novela, cuyo punto débil serían sus personajes por su falta de originalidad, mientras que trae algunas de las ideas más novedosas que se ha leído últimamente. Coge algunos conceptos del steampunk, pues es el vapor lo que alimenta los motores de estas ciudades. También se puede ver cierta inspiración en Mad Max y esas salvajes persecuciones por una tierra desolada. Una gran historia con un sorprendente y apoteósico final. Probablemente le de una oportunidad al resto de la saga.

La siguiente gran lectura, una que llevo tiempo posponiendo, ha sido, con motivo del club de lectura de Sinopsis Compartida. Como mayo es el mes distópico, hicieron una encuesta para decidir qué novela leer y salió La guerra de los mundos de H. G. Wells (reseña aquí) pero, como estuve esperando a que me llegará la edición en papel, hice tiempo leyendo otra de las propuestas: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K Dick. Una distopía ciberpunk con una adaptación a imagen real que la ha convertido en inmortal. Me ha gustado, aunque hay cosas que he visto extrañas. ¿Es esa ingenuidad de algunos personajes un error de traducción o algo intencionado? En principio nos tratan de decir que los androides, andrillos, carecen de empatía, que eso es lo que nos permite distinguirlos. Pero, según avanzamos, aunque vemos a estos replicantes fingir ser personas, nos encontramos con que dudamos hasta de los propios humanos. La empatía, o la falta de ella, es el hilo conductor de la historia, pues funciona entre personas, con los animales e, incluso, con los seres artificiales.

He leído la tercera parte de la serie Amenazas, El robo de las reliquias de J. J. Arnau, R. Montesdeoca y X. Marturet. Tenéis una breve reseña en instagram.

Este mes sí han caído varios cómics. Uno es la miniserie de 8 episodios de Masks con los lápices de Alex Ross y Dennis Calero y el guión de Chris Robertson. Es una adaptación de unas novelas protagonizadas por The Spider. Masks es un crossover épico entre La Sombra, The Spider, Green Hornet, el Zorro… ¡Los héroes pulp!
Tenía muchas expectativas puestas en este cómic y muchas ganas de leerlo. Y me ha decepcionado.
Echo en falta más información porque este tomo no cuenta nada sobre los personajes. Entiendo que es una miniserie para gente que ya los conoce, pero como añadido, una introducción habría venido bien.
El dibujo y la composición de página son brutales, sobre todo en el caso del primer número, el de Alex Ross. Pero Dennis Calero no sé queda atrás. La edición incluye algunos contenidos adicionales como bocetos de los personajes y de las páginas, portadas alternativas y otras ilustraciones. La historia es sencilla: un partido de nuevo cuño gana las elecciones y establece un gobierno fascista en su propio beneficio. Detrás de ellos, una magia que se ha infiltrado en el sistema para enriquecerse. Y los héroes son los únicos que luchan contra ello. Sin ser original, resulta entretenido. Mi pero viene en el cas de los diálogos. Son tan tópicos, tanto que llegan a ser ridículo. La Sombra sentencia con frases como “dispensemos justicia”. Tiene que ver con el tipo de personajes e historias, pero para mi rompe un poco.

También dos cómics prestados, Contranatura, album de Mirla Andolfo, una dibujante italiana que ha trabado para DC y Marvel. Reseñado en instagram. Lo publica Panini y es una historia fantástica con fantasía y sensualidad. Y Sandra, escrito y dibujado por Santiago Arcas y editado por Glenat. Otro de esos casos en que ha tenido que publicarse en Francia para que se interesen por publicarlo. Una historia sobre tecno vudú en el que el protagonista resucita por error a Sandra, pero lo hace 3 veces: como niña, como mujer y como muerta.

A finales de mes, Rayco Cruz de Fantaseando publicó Germen, un impactante relato largo sobre un convento donde ocurren sucesos extraños. Y, como formo parte de su Patreon me lo mandó de forma gratuita. No había leído hasta ahora nada suyo, pero me ha sorprendido para bien. Descripciones detalladas que te trasladan a la situación y una narración sencilla pero eficaz. Un final estupendo, que queda medio abierto, a interpretación del lector.

Y, por último Magnet: La sociedad de la rosa secreta. De lo más original e interesante que he leído y se ha publicado ultimamente. Cuando la comencé, pensé que era steampunk. Pero, ¿se puede llamar steampunk cuando no hay vapor por ningún lado? Magnet está lleno de ingenios y otros elementos que recuerdan a este subgénero. Pero, por otro lado, estamos en un mundo donde no hay electricidad, ni tampoco vapor, sino una energía limpia y limitada basada en el magnetismo.

Lo primero que hace destacar la novela es lo visuales que son todas sus descripciones. Puedes ver perfectamente lo que el narrador te lo cuenta con profusión y habilidad. Y es que este Nouyork, un Nueva York contagiado por la estética y el carácter parisino, es precioso; lleno de arte en cada esquina, pues es una ciudad donde la funcionalidad es tan importante como la estética. No resulta extraño que el narrador se recre en contarte este ambiente.
La historia que se nos presenta es una utopía, fundada por Faraday, Maswell y Tesla. Un lugar perfecto, sin pobreza y dónde todo el mundo respeta las normas Sin crímenes y sin injusticias. Bajo esa fachada estética y de orden, se esconden una serie de estrictas reglas de movimiento y de control social sin las cuales, esa mágica energía, que nadie comprende del todo, se perdería: el magnet se rompería. ¿Pero qué ses conde bajo ese aparentemente sistema perfecto?

Como veis, he roto la mala racha de abril, en que apenas cogí un libro. Este mes ha sido muy diferente y estoy contento.

Y vosotros, ¿qué habéis leído estos días?

Reseña: La Guerra de los Mundos

¡Bienvenidos, supervivientes!

Esta semana os traigo la reseña de La guerra de los mundos, de H. G. Wells, la obra de mayo para el Club de Lectura de Sinopsis Compartida.

Hace bastante tiempo que leí la obra de Wells. Por eso, que esta obra tuviera un prólogo me atrajo especialmente. Los prólogos, cuando son buenos, sirven para conocer al autor, su obra y, sobre todo, las circunstancias de su vida que lo condicionan todo. Es por eso que, en ningún caso, se puede separar la vida de la obra. Sin una no se entiende la otra.

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Gris y Red Strings Club

¡Bienvenidos, supervivientes!

Hoy os traigo un nuevo artículo que tenía muchas ganas de publicar, pero que no he parado de retrasar. Mi intención con El Último Búnker era poder hablar de todo lo que me gusta y eso incluye tanto literatura y cómic, como cine y videojuegos.

Al comienzo de la pandemia, Microsoft puso a un precio de risa el Xbox Game Pass, un servicio de suscripción para los videojuegos de la casa, al estilo de plataformas como Netflix, Filmin o Spotify… De 12’99 € mensuales lo dejaron en 1€, así que me apunté sin dudarlo. La promoción aún continua por si queréis disfrutar alguno de los más de cien juegos disponibles.

La verdad es que lo cogí con muchas ganas y picoteé varias cosas. Aunque no lo aproveché al máximo pues, tras el ansia inicial, perdí un poco el interés.

Aquí os traigo un breve análisis de los dos juegos que me pasé.

Gris

Las acuarelas de Gris son obra de Conrad Roset

Soy bastante fan de los juegos indie, sobre todo si son propuestas tan estéticas y diferentes como Gris, del estudio español Nomada Studio.

¿Qué pasa en Gris? Comienza el juego y nos despertamos en mundo sin color. No sabemos por qué, pero tenemos la sensación de que hemos hecho algo mal. Nuestro personaje está angustiado, roto por el dolor apenas si puede andar, mucho menos correr o saltar, algo mínimo en los juegos de este tipo.

Cuando todo comienza, no hay color. todo es GRIS.

¿Qué hacemos? ¿Dónde vamos? No tenemos indicaciones ni certezas, como en la vida real hemos perdido y tenemos que seguir adelante. Lo que sí tenemos son dudas: ¿lo estaré haciendo bien? ¿Es esta dirección? No es algo raro, muchos juegos te generan esta misma sensación, “encontraré algo útil tras esta puerta o me perderé algo importante”. Pero aquí todo es más intenso.

Lo siguiente que sientes, tras las dudas, es satisfacción. Hemos conseguido levantarnos de la cama, hemos conseguido ir a trabajar o avanzar al siguiente nivel. El juego avanza, así, despacio, sin darnos apenas indicaciones. Muchas veces hacen falta más intentos. Muchos intentos. Demasiados para algo tan simple. Pero la satisfacción es mayor.

El juego te guía, sin palabras, con el dibujo y el color, que sí, va regresando, como la normalidad, a tu vida, y te va mostrando el camino para salir de la situación en la que estás. Aunque no siempre es obvio, al final lo terminas viendo.

Fui tomando nota según iba jugando, porque quería dejar constancia de las sensaciones que Gris me provocaba, para que el tiempo no las diluyera. Lo que acabáis de leer son esas apreciaciones in situ.

Gris es un juego precioso, basado en el color y en las acuarelas del artista Conrad Roset. Una delicia para los fans de la ilustración y un juego de puzzles y plataformas perfecto para todos los públicos.

Red Strings Club

Red Strings Club comienza “in media res”

Pasamos de una alegoría de la depresión a una distopía ciberpunk heredera de la mejor ciencia ficción. Desarrollada por Deconstructeam, otro equipo nacional, estamos en una aventura gráfica point and click llena de puzzles y con un guión fantástico.

En Red Strings Club controlamos a varios personajes en diferentes momentos de una historia sobre corporaciones, inteligencia artificial, modificaciones genéticas y, sobre todo, la Libertad, la Moral y lo que nos hace humanos. Es otro juego corto, aunque tiene distintos finales dependiendo de las decisiones que tomes. Aquí, cada paso que das es importante y tiene consecuencias más adelante. Todo está conectado.

En la trama, sin hacer spoilers se habla de una posible mejora que haga las vidas de las personas más sencillas y se te plantean muchas hipótesis y dudas. ¿Hasta qué punto debemos controlar lo que nos hace humanos? ¿Debemos abandonar la tristeza y la violencia de manera artificial? ¿Podemos obligar a una sociedad a dejar de odiar?

Red Strings Club logró algo parecido a Gris, pero de una manera diferente. Si en el primer caso, estaba deseando llegar al final para encontrar la felicidad o, al menos la calma, este juego te hace reflexionar, te agita y te pone ante el espejo de tus propias contradicciones. Te hace pensar con los temas morales que te plantea y te hace ser consciente de tus propias incoherencias. En un momento determinado tienes que decidir cómo será la sociedad futura. Y claro, la quieres lo mejor posible, ¿no? ¿Dónde entra entonces la libertad individual?

Una de las preguntas que te plantean es: ¿deberíamos acabar con el odio?

Te miras a ese espejo y a lo mejor no te gusta lo que encuentras. De hecho, en un momento concretó dejé de jugar porque no me sentía cómodo con ninguna respuesta. Decidí no decidir, tirar por el camino del medio y dejar de jugar. Pero eso no funciona, porque no avanzas. Finalmente hice de tripas corazón para poder terminar el juego. Y menos mal.

Es uno de esos juegos imprescindibles. Perfecto tanto si te gustan los videojuegos, como si solo buscas una gran historia. Un gameplay sencillo, accesible y muy cortito.

¿Qué os han parecido estos juegos? ¿Los habéis probado? ¿Tenéis el Game Pass? Yo os animo a buscar en el catálogo de XBOX porque seguro que encontráis algo que os interese. Quizás vuelva a suscribirme en otro momento.

Wrap Up 3: Lecturas de Abril

¡Bienvenidos, supervivientes!

Más por rutina que por otra cosa, os traigo el wrap up de abril. Si ya en la anterior ocasión, dio penita, lo de este mes sí que no tiene nombre. Es verdad que he empezado algunos libros (tengo Máquinas mortales de Philip Reeve y El cuento de la criada a medias), pero terminar he terminado poca cosa. Alguna compra ha caído, pero aún no han llegado, así que el book haul también se retrasa. Adelanto que he participado en un par de crowdfundings y que dije adiós a una querida editorial.

Por otro lado sí quiero presumir de haber salido de mi zona de confort gracias al club de lectura de Sinopsis Compartida. A ver cuál es el próximo libro, que estoy deseando descubrirlo.

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Reseña: La Chica de Nieve

¡Bienvenidos, supervivientes!

Segunda reseña, segunda lectura de abril. Como os dije en el último post, me apunté al club de lectura de Sinopsis Compartida y ya terminé la novela de este mes, La chica de nieve, de Javier Castillo.

¿Y de qué va La chica de nieve? Es 1998, Acción de Gracias en Nueva York y los padres de Kiera, una niña de 3 años, la llevan a ver el desfile. En un descuido, desaparece. Se esfuma sin que nadie sepa cómo ni porqué. La noticia se convierte en portada en todo el país durante un tiempo, pero pronto todos lo olvidan. Los medios, porque ya no vende periódicos y las autoridades porque los recursos son mínimos y hay muchos casos. Pero sus padres no se olvidan. Y tampoco Miren Triggs, una estudiante de periodismo que convierte el caso de Kiera en su cruzada personal, que se nos presenta como alguien tenaz, que no rehuye el trabajo duro. Una periodista de raza.

Comienza la novela y el narrador hace algo que me resulta llamativo. Describe la situación, las emociones de los protagonistas, los sucesos… Pero también, como si tuviera mucha prisa, nos empieza a contar lo que pasará. Se adelanta a los acontecimientos, durante una buena parte de la novela, como si temiera que el lector abandonara la lectura a la primera de cambio. Es un tráiler constante, un “en el próximo episodio” que resulta un tanto innecesario.

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Reseña: El Reflejo Infinito

¡Bienvenidos, supervivientes!

Acaba la primera semana de abril y yo os traigo nueva reseña. Una extra, muy rápida y corta como el libro del que hablo. Aprovecho, además, para contaros que me he apuntado al Club de Lectura de Sinopsis Compartida y que estoy leyendo -terminando de hecho- la novela La chica de nieve de Javier Castillo, autor de El día que se perdió la cordura. Espero traer reseña por aquí.
También se retrasa el book-haul por razones obvias. Excepto un par de e-books, no ha entrado nada en casa.

Entremos en harina. El reflejo infinito es una obra cortita, que se lee en un suspiro. Recuerdo que, pensaba leerlo en mi sesión diaria de bicicleta, pero terminé enganchado y leyéndolo de una sentada. Es una historia que, aunque parezca un lugar común, te atrapa y no te suelta. Algo que, al protagonista, Octavio, también le pasa.

Octavio es un personaje gris, apenas unos apuntes de personaje, que gusta de leer. Vive una experiencia traumática y descubre, por sorpresa, que puede trasladarse a los libros. ¿Es Octavio un superheroe? No es un personaje de fondo, sin importancia y que, en circunstancias normales, solo nos encontraríamos una vez en la obra. Pero aquí, sin comerlo ni beberlo, se convierte en protagonista de su historia.

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